Reseña día 15 Tavascán – Estaón -¿La Guingueta?: Cuando las lesiones acechan

¡Qué cosas! En una de las etapas más bonitas y cómodas de todo el GR11, sufrimos un quebranto, un percance, un “maldita sea mi estampa”. A lo largo del día me quejo más de mi mala suerte que el cantante de Los Suaves. ¿Y por qué? Pues veamos…

Desde Tavascán, la ruta sube por un sendero bien marcado, al que hay que prestar un poco de atención pero que es cómodo y está muy bien conservado. Al poco de comenzar pasamos por el pueblo de Aineto, que son cuatro casas que deberían estar consideradas patrimonio de la humanidad, de lo bonito que es. La pequeña iglesia es del S.XI, creo recordar, casi tan antigua como el primer Seat Panda. Las vistas del valle son tan impresionantes que se te olvida hasta el saldo de tu cuenta bancaria.

Merece la pena pararse cinco minutos y disfrutar en silencio de este camino. Si escuchas atentamente, el tiempo resuena aún entre las piedras y te cuenta la historia de tus antepasados. Así de bucólico es esto.

También resuenan los gritos de un grupo de alaridones con el que nos cruzamos, adolescentes que tienen la necesidad de hablarse a gritos entre ellos, supongo que porque no se saben muy bien sus nombres y así se los recuerdan unos a otros, ya sabes, en plan “¡Eh, Pepelu, mira qué árbol más gracioso! ¡Pero mira, mira!”

En fin, todos hemos sido adolescentes, pero ¡qué altos suenan los gritos entre tanto silencio!

Pronto los dejamos atrás y los olvidamos, porque aunque nos quejamos mucho, las cosas malas se olvidan pronto aquí arriba. El día ha amanecido cubierto y muy húmedo, así que las nubes se forman en el fondo del valle y suben hacia nosotros, dándonos la sensación de que estamos asistiendo a la creación del mundo.

¿He dicho que el día está húmedo? Después de contemplar el valle y caminar un rato, nos damos cuenta de que las zapatillas hacen “chof, chof” con cada paso que damos, porque en la puñetera creación del mundo se ve que no se pueden tener los pies secos, lo cual explica muchas cosas acerca del mal humor que se gastaba Dios en el antiguo testamento. Caminar con los pies mojados es divertidísimo.

La planta de un pie comienza a dolerme bastante en los metatarsos, que me acabo de enterar de que es una zona del pie y no una clase de Transformers. Está situada debajo de los dedos y antes de la curva donde te haces cosquillas a ti mismo cuando te rascas. No le doy importancia y sigo adelante, recordando que un bisabuelo mío era de cerca de Bilbao y que, por lo tanto, no puede ser nada grave.

Pero las zapatillas empapadas no ayudan, el dolor empeora y la subida hasta el Coll de Jou (he perdido la cuenta de los collados de Jou que llevamos subidos) se hace muy molesta, a pesar de que hay una pista muy cómoda hasta arriba.

La bajada se hace por senderos también cómodos y muy bonitos, que pasan por varias bordas en desuso que dan un poco de pena, si piensas en lo que costaría construirlas. Las Bordes de Nibrós, por ejemplo, seguro, seguro, que están pobladas por fantasmas, ghouls, duendes y hadas. Es un paraje mágico, misterioso y, sí, muy húmedo.

Llegamos a Estaón, un pueblo pequeño con cuatro casas y un único establecimiento comercial: un albergue-refugio que tiene un letrero que dice “hoy está trancat”, más o menos, pero seguro que mejor escrito. Nuestro gozo en un pozo, pero de los malos, un pozo ciego, atrancado con tablones y con una niña en el fondo como en The Ring. Nos comemos unas galletas mientras decidimos qué hacer, porque la etapa de hoy finaliza en el pueblo de La Guingueta y para llegar hasta allí queda otro tanto de lo que hemos caminado hasta ahora.

Simón habla y los mortales escuchamos: llevamos 12,5km, +900m, -750m y 4:45h. Hay que aclarar que esos desniveles incluyen desvíos para hacer fotos y algún rodeo innecesario.

El caso es que mi pie está en las últimas y, si sigo andando, quizá me provoque una lesión que me impida continuar el GR. Aprovechamos que hoy tenemos prevista una vía de escape y desde Estaón llamamos a un taxi (el teléfono nos lo dan en el Hotel Cases, donde tenemos reserva), así que menos mal que aquí hay buena cobertura. Silvia se plantea seguir ella sola el resto del día, pero las nubes amenazan más lluvia, ya estamos empapados y la verdad es que no apetece.

Nos cobran 55€, que no es poco, pero la carretera da un rodeo impresionante y es más de media hora de coche, así que bien gastados están.

Aunque no hemos hecho la segunda mitad de la ruta, me voy a inventar la descripción en base a lo que dicen los que sí la han hecho: la subida es mantenida desde Estaón y algo exigente, que se realiza por un sendero bien marcado. Tenemos que subir mil metros casi del tirón, y luego la bajada de casi mil trescientos se realiza por un camino más tendido y cómodo, que nos dejará en La Guingueta en poco más de cinco horas.

¿Qué tal ha quedado? Parece que la hemos hecho y todo, ¿verdad?

Total, que llegamos a La Guingueta habiendo hecho sólo media etapa… Nos pasamos la tarde en el Hotel Cases, entre otras cosas, porque al llegar nos encontramos una carta en el restaurante con varios platos veganos y vegetarianos, y eso hace que nos caigan aún mejor. Pagamos 110€, pero hemos comido y cenado los dos a la carta y como reyes.

Hablamos por teléfono con nuestra masajista, que vale su peso en cerveza artesana, y nos envía un vídeo que acaba de hacer ella misma en el que nos explica cómo masajearme esa zona y tratarla para que sufra lo menos posible. La siguiente etapa es corta y cómoda, yo la haré en autobús y Silvia andando, a ver si así me recupero bien.

Tener la ruta planificada sirve para adaptarte cuando pasan estas cosas, me digo a mí mismo. Hemos dedicado un montón de horas delante de la pantalla del ordenador, consultando guías y mapas, leyendo reseñas y buscando información para saber cómo superar este tipo de percances… Pero todo esto no me consuela y no me doy al alcohol porque las resacas me sientan fatal que, si no fuera así, me ponía a beber un chupitazo tras otro de esos licores que hacen por aquí, que quitan todos los males.

Excepto el dolor de pies. Eso tampoco lo cura el alcohol.

Un comentario sobre el Hotel Cases de La Guingueta: El año anterior llegamos hasta él en coche para iniciar unas etapas del GR que no teníamos claras, pensando ya en cómo afrontar la ruta para hacerla del tirón. Les dijimos que éramos vegetarianos y, aunque no estaban avisados, salieron del paso. Se ve que tomaron nota de lo que les dijimos, porque este año tenían varias opciones para vegetarianos de los rarunos como nosotros. Además de tratarnos con simpatía y de echarnos una mano con el taxi, han demostrado, una vez más, ser unos hosteleros serios y profesionales. Así da gusto.

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