Reseña día 14 Valferrera – Tavascán: Senderos abandonados, retamas y mala uva.

Para ir desde el refugio de Valferrera hasta el pueblo de Tavascán puedes seguir dos caminos:

  1. Por el GR11. Tienes la ventaja de que pasas por un pueblo, Areu, donde podrás vaciar la cantimplora de agua y rellenarla con cerveza. También puedes hacer otras cosas, vaya, ésa es sólo una opción. Son unos 30km.
  2. Por el sendero perteneciente a la Porta del Cel. No pasas por pueblo alguno, los desniveles son similares, las vistas preciosas y salen menos kilómetros.

Nosotros elegimos está segunda opción, porque hace años hicimos esa ruta y guardábamos muy buen recuerdo…

Pues bien, los recuerdos debían de ser de otra ruta diferente, porque hemos jurado y maldecido tanto a lo largo del día que, en el cielo, los ángeles y los santos se han puesto tapones para los oídos.

Sabíamos que la Porta del Cel no está muy marcada y que hay que guiarse por los hitos de toda la vida, ya sabes, esos montoncitos de piedras que, cuando estás en una pedrera, encontrarlos se convierte en una versión montañera del “dónde está Wally”.

Lo que no sabíamos es que la ruta, al menos en esta etapa, se encuentra abandonada como una promesa electoral, han crecido matojos, se han caído árboles en mitad del camino y el sendero a veces desaparece o se desmorona ladera abajo, haciendo que la etapa sea…

¿Cómo se dice cuando una ruta es incómoda, te pierdes con facilidad, te resbalas al descender por arroyos y te entra el tembleque al agarrarte a un matojo para no caerte cuesta abajo?

Ah, sí, ya recuerdo: es una etapa aventurera.

Al poco de empezar tienes que atravesar un mar de retamas que han tenido la indecencia de crecer de cualquier manera y el sendero ni se ve, porque las retamas es lo que tienen. Pero cuando superas ese tramo llegas al precioso Estany de Baborte, ideal para esas fotos en las que las montañas se reflejan en el agua como si el lago fuera un espejo, y que nunca salen tan bonitas como en las revistas.

Es un lago precioso, en serio. Pero en cuanto avanzas te pierdes un poco, porque no todo va a ser fiesta. Entre el sendero que casi no existe, que hay una cabaña desde la que salen como cincuenta senderos, trocha arriba, trocha abajo, que hay laguitos y arroyos que, o los esquivas, o acabas como la estatua bíblica esa de los pies de barro, y que uno empieza a sospechar que ha elegido la opción equivocada al venir por La Porta del Cel, se nos empieza a poner mal café.

Entonces tienes que subir por una pedrera y todo lo anterior te parece el paraíso. Es una pedrera de manual, de las de resbalarte, esquivar piedras pequeñas, saltar sobre piedras grandes que se mueven y todas esas actividades tan divertidas.

Pero todo lo malo también termina, y al cabo de un rato alcanzas el collado. Siguiendo el sendero y por unos pocos metros de desnivel, subiendo a una loma cercana llamada la Cigalera, puedes ver las cimas por las que pasa La Porta del Cel… La Pica d’stats, el Certascán… Son unas vistas preciosas y te dan una perspectiva fantástica de todo ese entorno.

Entonces piensas “ya está todo hecho, sólo tengo que bajar”.

Bueno, pues quedan como, no sé, cuatro horas de bajada, mala, incómoda y muy pesada. El sendero está desmoronado en algunos tramos, en otros no existe, y nos toca saltar más de uno y más de dos árboles. Cuando hicimos está ruta hace unos años, puedo asegurar que estaba en mucho mejor estado que ahora.

Pero bueno, tampoco hay que dramatizar. Es un sendero, porque estamos en la montaña y esto es lo que hay, y Simón dice que no ha sido para tanto, 20km, +1.170m y -1.940m en algo menos de diez horas.

En Tavascán, que es un pueblo precioso, nos encontramos con Patrick, el irlandés del Malniu, el de “que el cielo se desplome sobre nuestras cabezas en forma de tormenta no es para tanto, eso en Irlanda nos pasa mucho”. Ha recorrido la misma etapa que nosotros, pero por la vertiente del GR11… Al preguntarle por el estado del sendero, suelta tantos tacos y maldiciones que no podemos reproducir aquí sus impresiones sin que nos apliquen la Ley Mordaza.

Así que no puedo decir cuál de las dos opciones es mejor… La que elegimos nosotros es incómoda en algunos tramos, pero es más corta y tiene unas vistas fantásticas. La otra es más larga pero parece mejor indicada, y además pasas por un pueblo, que eso siempre anima. Esto queda al gusto del consumidor.

Nos alojamos en el Hotel Marxant, donde nos preparan unas lentejas con verduras que casi se nos saltan las lágrimas. Devoramos una fuente entera de un tamaño que podría alimentar a una familia de asturianos hambrientos, además de una escalibada y una ensalada, y damos tantas gracias a Dios, que los Ángeles nos perdonan acordarnos de ellos tantas veces a lo largo del día. Pagamos 71€ en el hotel que nos parece hasta poco, y nos tomamos dos jarras de cerveza de tamaño montañero en un bar justo al lado, que nos devuelve la fe en el mundo.    

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