El recuento: Esos pequeños detalles.

 

Hemos hecho recuento de todo lo que hemos gastado a lo largo de la ruta, que para eso yo me molestaba en apuntar los datos del GPS, las cenas y las compras en una libreta:

Hemos perdido: una caja con imperdibles, el agua que cogimos en el Mediterráneo, un tanga, un buffer de la UDV (Unión Deportiva Vegetariana) y seis kilos.

Hemos recorrido: 865 km con +/-41.800m de desnivel, a lo largo de 298 horas.

Hemos gastado: 1,2 litros de protector solar, 800ml de crema para después del sol, 14 tapones para los oídos, un rollo de venda kinesio, 16 pilas AA y tres botes de repelente para insectos. Las medicinas no las cuento que me da hasta bochorno.

Hemos consumido 28 litros de cerveza. Más o menos. Hemos redondeado los tercios como si fueran botellines de 25cl. Perdón. Y algunas botellas de vino.

Hemos comido pasta (blanca, porque “integral” es un concepto desconocido) en 23 ocasiones.

Y por último, hemos jurado unas cincuenta mil veces, taco arriba, taco abajo, que no volveríamos a pasar por un determinado sendero, pedrera o trepada. Las mismas veces que hemos dicho “aquí tenemos que volver unos días y hacer rutas por la zona”.

Cada día, durante las últimas semanas, al llegar a destino hemos seguido la misma rutina: confirmar reserva, negociar la cena, estirar, lavar la ropa, ducharnos, masaje de pies y contracturas varias, cerveza, etiquetar fotos, cenar y escribir la reseña antes de dormir, repasándola al día siguiente antes de enviarla.

Lo peor ha sido la alimentación, pero no las comidas en sí, sino explicar en muchos sitios que, tal y como habíamos hablado un mes antes, somos vegetarianos y nos dijeron que no había problema, blablabla, pues tú dirás qué preparamos porque no tenemos nada, blablabla… En algunos sitios bien, en otros nos miraban con cara de asco diciendo “¿pero sólo comes verdura hervida?”, ignorando toda la conversación y dándome ganas de decirles “trae un pepino sin pelar, que te voy a enseñar otra cosa que puedes hacer con él”. Eso ha sido agotador. Y también, teniendo en cuenta que esto es una tontería comparado con todo lo que puede salir mal en un viaje así, demuestra que realmente no tenemos queja alguna del GR11.

Lo mejor… Es difícil decirlo. ¿La gente? ¿Las vistas? ¿La experiencia? Creo que lo mejor ha sido poder disfrutar del GR entero, de principio a fin, tal y como queríamos hacer desde mucho tiempo y, salvo casos puntuales, tal y como hemos preparado durante casi un año. Ha sido un viaje lúdico, no deportivo, hemos tenido mucha suerte con el tiempo y con nuestro cuerpo, que ha aguantado bien, y somos muy afortunados por habérnoslo podido permitir en todos los aspectos, tanto por el tiempo invertido en recorrerlo como económicamente, que nos ha supuesto un buen pico.

Gracias por haberlo compartido con nosotros. A todos, de verdad, muchas gracias.

He sido un turista en estas montañas, un viajero sin nada que ofrecer salvo mi asombro. Pirineos nos ha recordado quienes somos, y queremos despedirnos recordando una canción que ha sido la banda sonora de las etapas en muchos de los días. Sólo hay una forma de enfrentar las montañas, igual que cualquier otro proyecto: Siendo conscientes de su importancia justa, ni más, ni menos.

Siempre mira el lado luminoso de la vida: “Porque la vida es bastante absurda, y la muerte es la última palabra, siempre debes hacer una reverencia cuando baja el telón.”

Gracias de nuevo, y hasta la próxima.  

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