Supongamos que disparo al presidente

Es un decir, por supuesto.

Porque me resultaría imposible. Alguien con mis conocimientos, con mis recursos, jamás podría idear un plan para abrirle un tercer ojo entre las cejas al presidente. Es una cuestión logística y práctica, porque no quiero arruinarme la vida.

Es interesante remarcar cómo la ética se escabulle en un rincón cuando se hablan de estos temas en estos tiempos. La realidad es más dantesca que la ficción, y hasta  George Orwell frunciría el ceño ante lo que estamos viendo. No sé si estoy comentando un relato o una noticia. Curioso.

Porque veo esta imagen, y me da por pensar.

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Cita: Florentino Ariza y las salas del corazón

    Esta cita pertenece a un libro que me encanta, El Amor en los tiempos del cólera, de G.G.Márquez.

    Cita:
    Con ella aprendió Florentino Ariza lo que ya había padecido muchas veces sin saberlo: que se puede estar enamorado de varias personas a la vez, y de todas con el mismo dolor, sin traicionar a ninguna. Solitario entre la muchedumbre del muelle, se había dicho con un golpe de rabia: “El corazón tiene más cuartos que un hotel de putas”.

    En una ocasión, me encontraba yo en un bar de copas bastante pijo al que me había llevado una chica con la que no tenía en común más que el ansia de la caza, chupa de cuero y pelo largo entre jerséis de pico y peinado de raya a un lado. Razonablemente borracho, recité esas frases que había memorizado frente a un bourbon seco y un escote descomunal, el que me había arrastrado a ese garito de mierda.

    La chica, que tenía nombre de flor, o de fruta, o algo parecido, me miró con los ojos muy abiertos y me preguntó si solía memorizar los libros que leía. No recuerdo cual fue mi respuesta, pero sí recuerdo que me abrió muchas puertas y botones.

    Volví a ver a esa chica un par de veces, antes de darme cuenta de que estaba fatal de la cabeza. Esas citas posteriores me las gané a pulso, pero el primer beso se lo robé a Florentino Ariza.

INMERSIÓN Y DESPEDIDA

Éste es un microrelato que escribí durante un microcurso.

Intentaba responder a una pregunta: ¿Cómo se ama a un espíritu elemental?  

La respuesta me costó averiguarla. Tuve que preguntar a sapos, salamandras y culebras, porque vivo en una tierra desprovista de magia y debo buscarla, literalmente, debajo de las piedras. Encontré a un gnomo que conocía a un duende que una vez tuvo una ondina como amante, y me susurró su secreto:

Escucha a tu amante cuando te hable de su primer amor; te dirá todo lo que le hace sentir escalofríos. Olvídate entonces de ti mismo, y recuerda que todos los seres vivos pertenecen a Deseo.

ondine

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Esto también es mentira.

Las ideas son frágiles. Las ideas se agotan, enferman, envejecen y mueren.
Las ideas no marcan diferencias, ni resisten las burlas, la indiferencia y los golpes.

Esa era la mentira. Ahora voy a decir una verdad.

Las ideas sangran. Las ideas lloran, gritan y se desesperan, pero no abandonan. No se rinden. No desaparecen.

Las historias, desde los cuentos que se comparten al calor de una hoguera hasta las grandes sagas inmortales, son ideas, complejas y cambiantes, vivas, repletas de personajes, acciones y consecuencias.

No subestimes  a las historias. Son fuertes, y resistentes, y cuando las cabreas se pueden volver muy peligrosas.

¿Te ha quedado claro? Podrás acabar conmigo, pero mis historias, las que he escrito y alguien ha leído, las que nacieron y crecieron en mi interior, y me abandonaron en forma de grafito, tinta o destellos en una pantalla, son más fuertes que yo, y que tú, y nos sobrevivirán a ambos, por mucho que me prohibas, que me impongas o que me ignores.

Así que déjame en paz.

Así empieza todo

 

Por una intención.

 

Intentas abrir los ojos. No puedes hacerlo.  Entonces recuerdas que estás tirado en un charco de sangre, la tuya, en un callejón oscuro, y no puedes afirmar con toda seguridad que sigas vivo.

Piensas “en el fondo me lo merezco”. Puede que tengas razón, porque atacaste a una mujer joven, indefensa y asustada, que resultó que no estaba ni indefensa ni asustada y que llevaba una 9mm en el bolso.

Son cosas que pasan. ¿Es tu muerte el resultado de tu intención de atacar a otra persona? ¿O ella tenía intención de matarte desde el primer momento en que te vio?

Si lo piensas con calma, ella sacó el arma antes de que tú dijeras “dame la cartera”…

 

La intención lo es todo. Cuando nuestro presidente llegó al poder tenía la firme intención de hacer su trabajo lo mejor que sabía. Esto sucede con todos los presidentes de todas las corporaciones, paises o compañías.

Lamentablemente, no sabemos cual es su trabajo y, además, la incompetencia destaca más cuanto más alto es el cargo que ocupa una persona. Por eso podemos afirmar que

a) hacen su trabajo

b) lo mejor que saben

Quizá su trabajo consiste en enriquecer a un número determinado de personas. O quizá saben muy, muy poco sobre cómo funciona el mundo. Pero tienen muy claras sus intenciones, y por eso hay tantos políticos que se merecen un tiro en la cara.

 

Dicen que todos los hombres mueren, pero eso no siempre es cierto. A veces escribo sobre personas que no mueren. A veces, personas que ya han muerto me cuentan qué tal les va, y no son historias tristes.

 

A veces,

trasnos y trastolillos,

ninfas y hadas,

ondinas y sirenas,

salamandras y fuegos fatuos,

 

me susurran un cuento al oído, y no puedo menos que escribirlo.

 

Mi intención es evitar que esas historias se pierdan y, mientras tanto, intentar entretenerte.

Y hacerte sentir. Sin emociones no somos nada.