Interludio Zen Nº 3

El cuidado del cuerpo requiere su tiempo cuando estás en ruta. ¿Recuerdas que me había hecho daño en los metatarsos unas cuantas etapas atrás? Desde entonces, siguiendo las instrucciones que Begoña, nuestra masajista, nos daba desde casa, todos los días Silvia me colocaba unas bandas elásticas en el pie antes de empezar a andar, para comprimir la zona dañada y que no se agravara la lesión… Porque la lesión seguía ahí y no desaparecería mientras siguiera castigando las plantas de los pies. Un día intenté caminar sin esas bandas y a las dos horas tuve que parar a colocármelas porque veía las estrellas con cada pisada, y eso, a pleno sol, no es buena señal.

Cada tarde, después de la ruta, Silvia me quitaba las quitaba, las guardaba con la basura y dedicaba un buen rato a masajearme la zona. En la mochila llevaba un rollo de bandas de este tipo por pura suerte, porque tenía una rodilla dolorida y Begoña me había enseñado cómo debía tratarla si el dolor se acentuaba, antes de empezar.

Así que, por pura suerte, y gracias a los esfuerzos de Begoña, Suma Masajista de la religión que voy a crear en cuanto tenga un día libre, y de Silvia, Profeta Suma de todos los profetas (tengo que trabajar con los nombres), pude continuar recorriendo el camino.. En Benasque compramos unas plantillas para las zapatillas y tiramos las originales, que estaban deformadas y bastante machacadas. Las plantillas las elegimos gracias a la ayuda que nos brindó por teléfono otra buena amiga que entiende un montón de esas cosas.

¿Qué quiero decir con esto? Que el GR lo recorremos nosotros con nuestros pies, nuestros músculos y nuestro esfuerzo y planificación, como todas las rutas, pero que tuvimos mucha ayuda y toda, toda la ayuda es bienvenida.

Y, además, ya habíamos decidido que no íbamos a detenernos y que las lesiones tendrían que aguantar hasta  que llegáramos al Cabo Higuer, casi veinte días más tarde. ¿Que hay que calentar media hora y estirar una hora todos los días? Pues se hace. ¿Que los dolores y el cansancio se acumulan? Pues se apechuga con ello y se sigue adelante.

“Icho go, ichi e”, dicen en Japón, que se puede traducir libremente por “ahora o nunca”. Es decir, que nada de detenerse ni de plantearse el abandono. Hay una oportunidad en la vida para vivir cada momento, y eso significa que podemos rendirnos al tiempo, a la dificultad o a la distancia, pero nunca a nosotros mismos.

La determinación también ayuda un montón.

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