Escribiendo un libro: Recetas y aventuras

¡Pobres, pobres libros de aventuras!

 

¿Te das cuenta de que ya nadie escribe libros de aventuras?

No, no me he expresado bien. No digo “sagas”, digo “libros”, obras que se empiezan, se terminan y ya está. Una aventura, un libro. Sin “continuará”. Sin “orden de lectura”. La culpa de todo, como ya sabemos, la tiene Tolkien por escribir un libro tan grueso que se publicó en tres tomos y dio origen a las famosas trilogías.

¡Escuchadme, escritores noveles que no empezáis a escribir relatos, ni siquiera novelas cortas! ¡Escuchadme, todos aquellos que os sentáis a escribir una maldita y puñetera trilogía!

¡Las trilogías no existen! ¡Son los editores quienes separan los libros en volúmenes publicables!

De acuerdo, esto no es del todo correcto, pero la intención está clara, ¿verdad?

diario-trilogy

 

Mi diario: la trilogía… ¿Que no? Al tiempo.

Digo esto porque hoy, en un momento de lucidez mientras preparaba la comida, me he dado cuenta de que para cocinar un buen plato, necesitas
a) Una buena receta: Si la historia es mala, poco vas a poder hacer.

b) Ingredientes frescos, interesantes, creíbles y originales.

c) Tener maña en la cocina, algo que se adquiere con talento y constancia.

Es decir, que si la historia es pobre o no da mucho de sí, necesitarás ser un mago de las palabras para que el resultado sea interesante. No es imposible, pero sí muy difícil. Amy Hempel o Carlos Castán son ejemplos de escritores que te atrapan con historias cotidianas, que no necesitan montañas de ingredientes para preparar un buen guiso: Son grandes cocineros. También es cierto que sobrevivir sólo con sus platos puede resultar monótono a largo plazo: les falta sabor, no sé si me explico.

 

Cuando me di cuenta de todo esto, pensé dos cosas. La primera, que no debería distraerme cuando tengo sartenes en el fuego (al final he comido una ensalada). La segunda, que no soy un buen cocinero. Tengo buenos ingredientes, pero la receta no me convence…

Así que voy a hacer lo que todos los escritores han hecho en algún momento. Improvisar.

De momento echaré la cebolla al fuego, a ver qué me sugiere. Cuando añada los pimientos y las zanahorias, seguro que se me ocurre algo diferente.

Pero intentaré no escribir una trilogía. Me gustaría preparar una receta clásica, ya sabes, un buen guiso de aventuras, entretenido, que te deje satisfecho y pensando que el tiempo invertido ha merecido la pena. Una receta, un libro.

No lo lograré. ¿Te apuestas algo?

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