El cuento de la Criada y Los testamentos; sesión doble de Margaret Atwood

Esta entrada se iba a titular «La historia de amor más breve jamás contada», haciendo referencia a la breve pasión que he sentido por Atwood, que ha durado desde que terminé de leer El cuento de la Criada hasta que conseguí terminar de leer Los testamentos, apenas unas semanas. Pero al final he tirado por lo convencional.

Sospecho que muchos habréis deducido que tanto la lectura que recientemente he hecho de ambas obras como esta reseña han estado determinadas por el éxito de la serie de televisión basada en El cuento de la Criada. Bien, esto no es del todo correcto. De hecho, de la serie no he visto ni un episodio. Aunque he de reconocer que después de leer la novela homónima, no me importaría tragármela de principio a fin. Además, Elisabeth Moss me parece una actriz extraordinaria. Y Joseph Fiennes tiene su aquel.

Qué dos actores más bien elegidos para el papel de Criada y de Comandante.

Empecé a leer El cuento de la Criada porque no había leído nada de Margaret Atwood y ya tocaba. Tocaba porque Atwood está en la lista de los nominados al Premio Nobel de Literatura y también por un comentario que sobre ella hizo Javier Marías en su columna semanal de El País a poco de que le concedieran el Premio Nobel a Bob Dylan. Esto es lo que escribió: “… y mi ídolo Dylan, cuyo Premio Nobel celebré merced a un amigo londinense, poeta y librero, que me escribió en su día con alivio: ‘Es un poco raro, pero al menos no lo ha ganado Atwood. De haber sido así, un colega mío y yo teníamos previsto arrojarnos al Támesis desde el puente de Hammer­smith, considerando que no valía la pena seguir viviendo en un mundo en el que esa autora fuera Nobel’”. Como dudo mucho que tanto el amigo de Marías como el colega de este conozcan personalmente a Atwood, supongo que la crítica que encierra este comentario se refiere a su buen, o más bien mal, hacer como escritora. Por cierto, una crítica que, creo, uno solo puede hacer pública de esta manera si la comparte. Y tiene su gracia que Marías se permita ser así de mordaz con Atwood teniendo en cuenta que como escritor carece por completo de imaginación: la mayoría de sus novelas siguen un mismo esquema, sin cambios. Pero, que me disperso: a lo que iba. Me llamó mucho la atención este comentario y me dije que debería leer algo de Atwood, para saber si era o no certero. Así que mentalmente puse una obra suya en mi larga lista de novelas por leer. Cuando le llegó el turno, la serie ya era archiconocida, y después de comprobar que gran parte de lo que ha escrito Atwood es poesía (que no es mi género predilecto; soy incapaz de apreciarlo como merece), decidí leer El cuento de la Criada. Tambien porque el libro me llegó a las manos de rebote y, ya se sabe: a caballo regalado no le mires el diente.

Y no me arrepiento. Sospecho que la mayoría de la gente tiene conocimiento de esta obra por la serie de televisión y que pocos han leído la novela, y por tanto, que la mayoría de la gente piensa, dado el éxito de la serie, que se trata de un best-seller con todos los elementos que estos suelen reunir: violencia, sexo e intriga. Y si bien es cierto que estos elementos aparecen, casi siempre entre bambalinas o sin regodeo, y que la novela se ha vendido, desde que se publicó en 1985, como rosquillas, no se trata de un best-seller per se, sino de una Obra Maestra, así, con mayúsculas. Hacía mucho tiempo que no disfrutaba tanto leyendo una novela, y he de admitir que no me importaría haberla escrito, es más, me habría encantado.

Supongo que debería incluir aquí una breve descripción de la trama para quienes desconozcan la obra. El cuento de la Criada es una distopia cuya acción transcurre en Estados Unidos tras un golpe de estado determinado por varias causas, pero quizá la principal sea una alarmante caída de la natalidad por efecto de la contaminación. Situaciones extremas exigen soluciones extremas. Así se instaura la República de Gilead, un régimen puritano extremo en el que las mujeres son apartadas de la vida pública y encasilladas en una labor reproductora (como Esposas o como Criadas), en el caso de las mujeres fértiles, o educadora (como Tías) o de servicio (como Marthas), en el caso de las infértiles; las que no sirven ni para lo uno ni para lo otro son enviadas a campos de trabajo, que es lo mismo que recibir una sentencia de muerte . No todas las Esposas son fértiles ni todas las Tías infértiles, pero bueno, en principio estas son las categorías. Las Criadas son mujeres que antes del golpe llevaban una vida “pecaminosa y reprobable”, pero que, como aún son fértiles, en vez de ser castigadas en un campo de trabajo son utilizadas para traer críos al mundo; los Comandantes, hombres en la cima de la sociedad, privilegiados, en el nuevo régimen, pueden tener una o más a su servicio si la correspondiente Esposa no puede tener hijos. Algo parecido a los vientres de alquiler y la gente pudiente, por eso que la novela traiga tanta cola en relación con este tema, tan actual. Muy acertado por cierto el nombre de la Criada. Porque no en la ficción, sino en la dura realidad, y hasta no hace tantos años, tirarse a la criada era poco menos que un deporte para los señoritos, en nuestro país y en muchos otros.

La historia, como dice el título, nos la cuenta una Criada y trata sobre su vida antes y después del golpe de estado. Antes tenía marido, una hija, un trabajo y, en fin, una vida normal de acuerdo con nuestros estándares. Tras el golpe, sin embargo, es separada de su marido y su hija, y se ve relegada a un papel de Criada. Como tal, se tiene que dejar follar todos los meses, cuando está en el momento fértil del ciclo, por el Comandante que le ha tocado en turno delante de la Esposa de este siguiendo unas directrices muy específicas que constituyen la denominada Ceremonia. Y le va la vida en ello, en dejarse follar y tener hijos. La historia no puede ser más sórdida. Pero en las magistrales manos de Atwood se convierte en un cuento, como el titulo dice. Brutal, pero un cuento. En el que se nos muestra, más que nada, cómo vive la gente una situación impuesta, en un regimen totalitario y de terror, con la que nadie es remotamente feliz; en este caso, ni la Criada, por supuesto; ni la Esposa, por supuesto; ni el Comandante, por supuesto. Tres actores de un triángulo sexual, más que amoroso, que tratarán, cada uno a su manera, de transformar su circunstancia en otra más llevadera que les permita, según el caso, paliar la infelicidad o sobrevivir.

El Comandante, su mujer y su amante… tienen una relación algo tensa.

La historia es original, pese a que, como dice Atwood en la Introducción, no incluye nada que no haya tenido lugar en la Historia. Está muy bien contada. Y está escrita magistralmente. Como dije, Atwood es, en gran medida, una poetisa, y se le nota en El cuento de la Criada: está escrito con un lenguaje claramente poético, pero en su justa medida, ya que en ningún momento resulta empalagoso o excesivo, pero sí hará que el lector lea una y otra vez algunos párrafos por el mero placer de leerlos. Llama la atención que, pese a que la historia es triste, morbosa y, de nuevo, sórdida, Atwood consigue arrancarte de vez en cuando una sana carcajada con expresiones llenas de ironía colocadas en el lugar perfecto. Y el final es sencillamente genial. Abierto y cerrado al mismo tiempo (solo quienes hayan leído la novela entenderán este comentario).

He leído críticas de otras personas sobre la novela, o más que críticas, opiniones. Al parecer hay gente que no la soporta por parecerle aburrida. Bien, si esperaban una novela llena de acción, sexo y violencia, quizá inducidos por la serie -intuyo-, normal que les haya aburrida. La historia la cuenta una mujer a la que se le prohíbe leer, escribir, ver la televisión y, en general, hablar con otras personas. Así que lo que comparte con nosotros es, en gran medida, el torrente de pensamientos que tiene a lo largo del día, porque le podrán prohibir todo menos pensar: ahí, dentro de nuestras cabezas, todos, incluso las Criadas, somos libres. Así que diría que la novela en cierto sentido es un canto a la introversión. Que puede no ser del gusto de todos, qué duda cabe.

Si he de poner un pero, diría que la acción parece acelerarse un poco hacia el final. Pero digo esto tan solo por ponerle un pero.

No sé a qué esperáis para leerla.


Treinta y cinco años después de publicar El cuento de la Criada, Atwood ha publicado la segunda parte, titulada Los testamentos. Qué duda cabe que a rebufo del éxito de la serie. Por suerte o por desgracia, desconozco el mundo editorial y por tanto desconozco si Atwood ha podido ser presionada para contarnos más de ese mundo tan fascinante como aterrador que es Gilead. Porque de seguro que ella no tenía ninguna necesidad de escribir una segunda parte que ha sido hasta ahora del todo prescindible. Pero esta gente que convierte en oro todo lo que toca supongo que a veces se ve obligada por las circunstancias a tocar lo que no quiere. Una lástima.

Los testamentos es, por ponerlo delicadamente, mala, o no mala, peor, o no peor: lo siguiente. En fin, cualquier fórmula humorística sirve para no decir a las claras la verdad: que es terrible. Además de, como ya he dicho, prescindible, porque si bien la primera parte tiene un final, de aquella manera, abierto, que deja algunas incógnitas, nadie en su sano juicio habría deseado una segunda parte. Pero si había de escribirse, la oportunidad de hacerlo bien se ha malogrado estrepitosamente.

En principio, el planteamiento de Los testamentos no es malo: nos cuenta la historia de Tía Lydia, la principal Fundadora en Gilead, así como la vida de las dos hijas de la Criada, una criada en Gilead y la otra en Canadá. Pero la complejidad de la trama y el estilo con que está escrita la historia son dignas de una novela para adolescentes no muy espabilados, que es lo que parece en conjunto Los testamentos. Casi de principio a fin, salvo algún que otro párrafo aquí y allá que puede recordar un poco, en el estilo, a la primera parte. Y no hay poesía en Los testamentos, tan solo algunos tristes atisbos de esta. Lo cierto es que el lector llega incluso a dudar de que lo haya escrito la misma persona que escribió El cuento de la Criada.

Reconozco que habría dejado la novela empezada y formando parte de mi larga lista de novelas interminables si no fuera porque, después de haber leído El cuento de la Criada, hasta el final tuve la esperanza de que la historia mejoraría y sería salvable.

Cuando leo un libro, tengo el hábito de marcar la esquina de las páginas que contienen párrafos que han llamado mi atención por cómo están escritos o por su contenido, por su significado. Así, después de un tiempo, no me hace falta más que mirar cuántas hojas tiene marcadas un libro para saber si me pareció o no bueno en su momento. En El cuento de la Criada, el número de hojas que he marcado es incontable, en Los testamentos no he marcado ni una. Absolutamente nada de esta novela ha llamado mi atención.

Ahora la pregunta del millón es: ¿cómo es posible que alguien que ha escrito una obra maestra como El cuento de la Criada pueda escribir una novela, por no decir un truño, como Los testamentos? Las respuestas que uno puede proponer son infinitas. Desde que en realidad la ha escrito un negro a que Atwood la ha escrito a la carrera y sin inspiración ninguna, pasando porque la edad pasa factura al ingenio, como a todo lo demás. Seguramente nunca lo sepamos, pero qué pena que se haya deslucido una obra maestra por lo que, sospecho, no ha sido más que un motivo económico. Cosas veredes, amigo Sancho…

1 comment on El cuento de la Criada y Los testamentos; sesión doble de Margaret Atwood

  1. Me has quitado las ganas de leer Los Testamentos.

    Porque El Cuento, estoy de acuerdo, es una pequeña obra maestra sorprendente y con un final brillante.

    Que no tiene nada que ver con la serie, por cierto, en la que se explota el escenario pero contar, lo que se dice contar, hasta donde he visto no se cuentan muchas cosas…

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