DIA 7: REFUGIO BIADÓS – PARZÁN: SIEMPRE DEBES LLEVAR UN LIBRO A LA MONTAÑA

Silvia sufre una jaqueca. Tiene las rozaduras de los pies controladas y sin ampollas exageradas, que no está mal teniendo en cuenta el calor que hace. Las uñas de mis pies aguantan a duras penas (las he perdido un par de veces en rutas anteriores), pero las rodillas y los tobillos, que me suelen dar guerra, se están portando como campeones.

Que no te engañen, esto es lo que hay, a todo el mundo le cuesta y le pasan cosas. Cuando lees algunas crónicas de montaña parece que la gente ni siquiera suda, y yo me pregunto si realmente no les dolerá nada… Yo creo que, simplemente, dan el esfuerzo y el sufrimiento por supuesto. Pero en fin, si fuera fácil y divertido probablemente estaría prohibido.

Me he dado cuenta de algo que echo de menos y que, por aligerar la mochila, no he traído… ¡Un libro! La lectura te acerca y te aleja del mundo, y permite que tu mente descanse. Para relajar tus pensamientos lo ideal es leer algo que no sea literatura de montaña. Yo suelo llevarme ciencia ficción porque me parece la evasión perfecta cuando estás en la montaña… ¡Meta-evasión! Si te pasas el día andando por montaña y hablando de montaña, es importante  que tu mente sueñe con algo diferente cuando duermes.

Este anuncio es de un libro. Lea detenidamente las instrucciones de uso. En caso de duda, consulte con su librero.

¡Vamos a por el último día! El sendero, cómodo y bien marcado, sube hasta el collado de Urdiceto, donde hay un lago y donde paramos a comer nuestro mini bocadillo. Luego bajamos por una pista muy cómoda, por lo que las distancias y los desniveles del día no son equivalentes al esfuerzo de otros días. Entre Silvia, Adolfo y yo arreglamos el mundo, discutimos sobre alimentación (algo de lo que no nos libramos los vegetarianos por mucho que lo intentemos) y llegamos a Parzán en un tiempo muy bueno. Su compañía nos ha resultado muy grata, la verdad. Espero que le vaya bien porque le esperan etapas duras y continuará él solo…

7 URDIZETO

Miro el GPS: hemos hecho unos 26 km, con +800 y -1300, en siete horas. ¡Un tiempo estupendo! Pero insisto, porque el camino era muy bueno.

Nos despedimos de Adolfo, que se queda en Parzán, y nosotros nos vamos a Bielsa, que está a tres o cuatro kilómetros. A estas alturas ya nos parece poca cosa. Nos alojamos en el Hostal Matazueras y pagamos setenta euros por la habitación y la cena, menos que en un refugio. Para compensar, nos damos un paseo y Silvia se compra unos calcetines que tienen muy buena pinta para jubilar los que trae, que están algo cedidos. ¡Somos así de consumistas!

Al día siguiente madrugamos para coger un autobús que nos lleva a donde dejamos el coche hace una semana. Nos damos cuenta de que podríamos seguir andando, de que el cuerpo nos pide caña. Los dolores surgen a los dos días, cuando los músculos se relajan y entras en modo oficinista, donde te cuesta subir hasta los escalones de casa. Pero con un poco de entrenamiento, mucha cabeza y mucha más planificación, quién sabe… Quizá el año que viene podamos cumplir nuestro sueño y recorrer el GR11 completo, desde Cap de Creus hasta el Cabo Higuer. Eso significa que repetiremos algunas de las jornadas que hemos hecho este año, y que nos gastaremos un dineral.

Pero, ¿qué otra cosa podemos hacer? Empezaremos a ahorrar para compeed, para ropa, para cenas y noches en refugios y hostales. Y, por supuesto, para lo más obvio:

Para las cervezas de después…

¡Hasta la próxima!

AYER

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