DIA 5: BENASQUE – REFUGIO ESTÓS: COTILLEOS DE LOS REFUGIOS MASIFICADOS

Después de la belleza indescriptible de la jornada de ayer (todas las fotografías mienten), hoy desayunamos como gatos hambrientos delante de un plato con jamón cocido, y nos ponemos la mochila frescos y descansados.

El camino está lleno de cascadas, miradores y senderistas, porque es sábado y hay que fastidiarse la de gente que sale al monte. Pasamos por delante de la Cabaña del Turmo, famosa porque la mencionaban los Celtas Cortos en la canción esa que decía 20 de abril del 90, tarará, tarará

5 TURMO

De pronto me siento muy viejuno.

Entre Puente San Jaime (cerca de Benasque) y el refugio de Estós, hay tan sólo unos nueve km que los hacemos en algo más de tres horas, por un camino muy cómodo y con +600 metros de desnivel. La idea original era ir al refugio de Biadós, pero estaba completo y tuvimos que dividir la etapa en dos jornadas así que no llegaremos a Biadós hasta mañana.

Llegamos al refugio de Estós, 180 plazas entre los espacios libres y los guardados y lleno hasta arriba. Para dormir esta noche, que además no estamos cansados, tendremos que tomar pastillas de valeriana suficientes como para tranquilizar a un adolescente en su primera cita.

El refugio está afectado por la masificación. Está cerca de un pueblo, hay varios tresmiles a tiro de piedra (a tiro de piedra de jugador de pelota vasca, se entiende), la zona es preciosa y forma parte de una ruta circular propia, la Ruta de los Tres Refugios alrededor del Posets. El senderismo está de moda, así que los fines de semana pasa por él gente para aburrir. Lo han reformado y ahora hasta dispone de un par de duchas, y unos servicios en un edificio independiente a veinte metros. La primera vez que visité este refugio, para lavarte tenías que usar una manguera, y eso ya estaba bastante bien.

Es sábado y está lleno. Hay gente que se queja de las condiciones y la comodidad, y pienso que esas personas no han conocido nunca un refugio aislado de verdad y no se dan cuenta de que estamos en un refugio, no en un hotel ni nada parecido. Me dan ganas de gritarles y pegarles, pero en vez de eso me pido una cerveza helada y dejo que mi coherencia descanse un poco, que uno ya está mayor para sutilezas.

Esto no es barato. Dormir, cenar, tomar algo y encargar un bocata sale, así a ojo, por 50 euros por persona y día. ¿Te parece mucho? Depende. Yo en la montaña me olvido, por ejemplo, del trabajo que ya no tengo, o de los problemas del día a día. Las montañas y el esfuerzo ponen tus preocupaciones en el lugar que les corresponde, ni más ni menos. Además, sólo se vive una vez, siete si eres un gato y nueve si le has pisado un callo a Buda, así que no nos preocupamos por el dinero más de lo necesario.

—Otras dos cervezas, por favor.

—Son 6,40 €.

—Ten, muchas gracias.

Y a otra cosa.

Las tardes en los refugios a veces están muy bien. Puedes hablar con un vegetariano rarito o con un americano sureño y descubrirás que tienes con ellos muchas cosas en común. Sudas, te cansas, blasfemas y te maravillas en los mismos lugares que ellos. Planeas la ruta del día siguiente, valoras las alternativas, comparas rozaduras y ampollas y te sientes menos insignificante a la sombra de las montañas que nos miran como si fuéramos hormiguitas, y que seguirán inmutables mucho tiempo después de que la humanidad haya desaparecido o evolucionado hacia algo diferente, como una especie inteligente o algo parecido.

Con estas reflexiones me acerco a  la mochila y ¡sorpresa! La dejé tumbada con una cantimplora mal cerrada, y se ha vaciado casi un litro de agua en el interior. La mochila chorrea por todas partes pero… ¡la ropa está seca!

Briconsejo muy útil: coloca todo en la mochila dentro de bolsas herméticas. Y quiero decir todo: la ropa seca, la ropa interior, el saco, etc. Guárdalo todo en bolsas con cierre tipo “zip”, ya sabes, como las de los congelados o las que usabas para guardar la marihu…

Olvida esto último.

Guardar las cosas de este modo me ha resultado útil. La mochila se secará durante la noche y todo lo demás está perfecto, incluso el móvil, la cámara de fotos o la libreta que uso para escribir. Si la ropa interior o el saco sábana se hubieran empapado habría sido muy molesto, así que doy las gracias a dios o, en su defecto, al inventor de las bolsas herméticas.

Cenamos garbanzos y pasta como para saciar el hambre de un grupo de modelos de bikinis y nos acomodamos en nuestra plaza, en la parte inferior de las tres alturas que hay en la habitación. Eso resulta muy cómodo cuando te entran ganas de hacer pipí a las tres de la mañana y tienes que salir de tu saco, bajar las escaleras, salir del refugio y quedarte con la boca abierta ante el espectáculo de las estrellas.

Y recuerda: Decir “qué calor hace, voy a dormir desnudo/a” no está bien visto en un refugio.

AYER…………………………………………………………..MAÑANA

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