DIA 4: REFUGIO CONANGLES – PUENTE CORONAS: HAY QUE GANARSE EL PAN

Leo en una bolsa de frutos secos: “En Frit Ravich pensamos que la suma de los buenos momentos es la felicidad real, tú puedes hacer que esos momentos sucedan”.

Ahí queda eso. La felicidad a través de las almendras saladas.

Silvia no puede comer nada cuando madrugamos, así que nos levantamos a las 5:30 y hacemos el desayuno de los campeones, que consiste en comer una pieza de fruta y pista. ¿Cereales? ¿Leche, azúcar, huevos, seitán? Eso es para perdedores. Los que saben lo que les conviene desayunan fruta. Los que saben, y los que no tienen otra cosa que comer además de barritas de muesli y los frutos secos filosóficos, que a ver quién es el guapo que desayuna eso cuando el sol todavía no ha salido.

Así de espartanos empezamos el día Silvia, Adolfo, un tipo con el que estamos coincidiendo y con el que compartiremos la jornada (todavía no sabe que yo hablo por los codos), y un servidor. El día, en realidad, se resume en tres subidas infernales, cabañas y lagos celestiales y bajadas de purgatorio. A veces la montaña es un no parar de quejarse.

 

Nos maravillamos con el Estany d’Anglós, que es precioso, y luego aprovechamos para refrescarnos en el Estany de Cap de Llauset, justo antes del collado de Ballibierna. Meter los pies en el agua fresquita es una delicia. Lo malo es que los tábanos parecen pensar igual, y no les gusta que les pises el terreno. Hay que andarse con ojo. Después de refrescarnos aún nos queda una fuerte subida y bajar hasta puente Coronas. Bañarse desnudos en las aguas heladas de un lago le hacen a uno sentirse libre y salvaje, aunque después de 10 horas de libertad y salvajismo, lo que uno quiere es descansar, ducharse y tomar algo fresquito. 10 horas hemos tardado en recorrer 18 km con +1400 y -800, que son muchas horas, pero el terreno es lento e incómodo, por bloques de piedra y buscando constantemente las marcas para no perder el sendero.

Adolfo y yo recordamos episodios de los Simpsons para entretenernos y cantamos canciones desafinando todo lo posible, a ver si así se cubre y llueve un poco, porque estamos torrefactados. Yo camino con ropa de manga larga para no quemarme, porque la ropa me da menos calor que el sol sobre los brazos. Con eso creo que te haces una idea del tiempo que nos está haciendo. El sol y el calor es nuestro enemigo jurado, como los malos de las películas.

4 ANGLOS

Llegamos a Puente Coronas, que es un lugar hasta el que llega un autobús a las seis y media de la tarde y que te lleva hasta la localidad de Benasque, ahorrándote unos kilómetros de pista. Caminar por esa pista polvorienta ni nos divierte ni nos permite conocer las montañas, que es a lo que venimos, así que recobramos la civilización y dejamos la opción purista de caminar hasta el alojamiento para los deportistas y los más fuertes.

El autobús nos deja cerca del Hostal Parque Natural, en el Puente de San Jaime. No es el más barato de Benasque, pero al día siguiente la ruta sale desde aquí, y así no tenemos que bajar hasta el pueblo, que hay dos o tres kilómetros. Cenamos muy bien con botella de vino incluida. Así tranquilizamos a los músculos del cuerpo, que ya empezaban a tramar una revolución. Una ducha, una cama cómoda, una buena cena y diez horas de sueño son el mejor remedio para todo tipo de dolencias en la montaña. Mañana la ruta es corta, así que no tenemos prisa.

Antes de meternos a dormir recogemos la ropa que hemos lavado en el baño con jabón que nos traíamos de casa y que colgamos con imperdibles, porque pesan menos que las pinzas y son más seguros. Lo bueno de los días de calor es que te permiten lavar la ropa y que se seque antes de caer la noche.

—¿Pero los imperdibles no deterioran la ropa? —preguntarás.

Pues un poco sí, pero después de algunos días le pierdes el aprecio a todo lo que no sean tus pies, y se te pasa la pena. ¡Los imperdibles te sacan de muchos apuros, de verdad!

No, qué va, es broma. Eso sólo le pasa a McGiver. Nosotros sólo los usamos para tender la ropa.

AYER…………………………………………………………..MAÑANA

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