Algunas personas extraordinarias

Sabrina González, veintipocos años, calificada como “la nueva Einstein” por una prensa que ya no diferencia el color amarillo del resto, no usa las redes sociales, no bebe, no fuma y tener pareja no es algo que le quite el sueño. Pobre, pobre Sabrina, qué vida tan triste lleva.

Nos encantan los mediocres. Nos gusta la normalidad, la tranquilidad de saber que nadie es mejor que nosotros, que estamos en la media, que somos del montón, quizá un poco más listos que los demás, pero no demasiado.

mediocre.

Del lat. mediocris.

1. adj. De calidad media.

2. adj. De poco mérito, tirando a malo.

Ya sabes, en la media.

Kilian Jornet es un deportista que, entre otras cosas, creció sin jugar al fútbol ni ver la televisión. Él prefería correr. En su libro “Correr o morir“, conocemos a una persona entregada a las carreras y a las montañas. No tuvo una infancia al uso, se pasó la adolescencia corriendo y no hace las cosas como Dios manda, así que casi seguro estará desaprovechando su vida. Pobre, pobre Kilian, la de cosas que se está perdiendo.

“Pues vaya vida lleva”. “Eso no puede ser sano”. “No sabe lo que se está perdiendo”

Cada vez que escucho una frase similar me da la risa. ¿Quienes ponen esos “peros”? ¿Quienes ven mal a aquellos que destacan? Tú lo has dicho: los que no pueden imitarlos, los que no destacan en nada. Los incapaces.

Aquellos que gobiernan el mundo con nuestros votos. La democracia es lo que tiene.

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Caperucita Roja y el spray de pimienta

En La Voz de Galicia han publicado un artículo sobre cuentos populares que te va a encantar. Ya sabes que las versiones de los cuentos que conocemos, por lo general, están adulteradas o, mejor dicho, infantilizadas para que puedan ser degustadas por los niños, a los que tratamos como si fueran frágiles y de mente débil.

Yo voy a pasar de largo por el sangriento final de Cenicienta, cuyas hermanastras se mutilaron los pies para que entraran en el dichoso zapato, y que finalmente fueron cegadas a base de picotazos de pájaros por portarse mal.

Olvidaré la violación de La Bella Durmiente (en la versión de Basile), donde quedó embarazada de un príncipe poco escrupuloso que, como ya nos tiene acostumbrados la realeza, no sabía tener la cremallera del pantalón cerrada y aprovechó que dormía para abusar de ella (la muchacha tiene dos bebés y uno, al mamar de su dedo, extrae el veneno y despierta a la madre… pero ahí no termina el cuento).

Ignoraré la crudeza del cuento de Hansel y Gretel que, no nos olvidemos, son abandonados por sus padres para que mueran de hambre en el bosque. Eso sí es maltrato infantil, señor Losantos. Pero este cuento no ha cambiado mucho y, al fin y al cabo, que los niños abandonen un hogar pobre lo llamamos “ser aventureros“…

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¿Conocimiento inútil? Eso no existe.

Hace tiempo leía, en un foro, una historia divertida en la que unos chicos contaban sus experiencias como repartidores de unos grandes almacenes. Había de todo, desde un problema con un grupo de gente de… violento carácter y actividades delictivas, que no estaban conformes con el funcionamiento de su televisor, hasta una experiencia bochornosa en un club de alterne, donde no tenían efectivo para darle una buena propina a un repartidor después de servir un pedido voluminoso  y, ejem, digamos que el resto del día tuvo que darse prisa para terminar los repartos a tiempo.

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El Dullahan, Sleepy Hollow y cómo perder la cabeza

Cuando era un niño, vi un programa en la televisión en la que aparecía un hombre a caballo decapitado, que llevaba su cabeza sujeta bajo el brazo.  Ese jinete se coló en mis pesadillas y, como no podía huír de él eternamente, me hice amigo suyo. Cuando salía a pasear con mi bicicleta BH, a veces me lo encontraba y me acompañaba durante un rato. Esquivábamos coches y peatones en las calles, y perseguíamos duendes por los bosques. No hablaba mucho, pero era amable conmigo.

Ese programa hablaba del Jinete sin cabeza de Irving pero, en realidad, de quien me hice amigo es del Dullahan.

El Dullahan es un espíritu que proviene de las tradiciones celtas. Te va a caer bien, ya lo verás.

Suele dejarse ver en algunas fiestas señaladas como el Samhain, que es la versión no americanizada de Halloween.

Mucha gente reivindica el origen celta de la fiesta de Todos los Santos. Se quejan, con razón, de que la mayoría desconoce lo que celebra, arrastrados un poco por la influencia del cine y blablabla. Es una discusión habitual todos los años, ¿verdad?

La palabra Halloween es una contracción de All HallowsEve, es decir, “Víspera de Todos los Santos“. Todos los Santos es una fiesta religiosa que se celebraba en mayo y que, por la manía de la Iglesia de enmascarar las fiestas paganas, en el s. VIII se trasladó a la fecha actual, para que coincidiera con el Samhain y así cristianizar esa fiesta pagana. Se hizo igual con la Navidad o con los lunes, ese invento diabólico que va después de los domingos.

Los irlandeses llegaron a Estados Unidos y con ellos sus fiestas y costumbres. Junto al Samhain cristianizado, es decir, el Halloween, llevaron las leyendas de Jack El Tacaño, por ejemplo, y también la de nuestro amigo el Dullahan.

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¿Obras maestras? No, gracias.

—¡Este libro es una obra maestra!

Has de saber que, cada vez que dices eso de un libro que en realidad no pasa del suficiente, una obra maestra de las de verdad se revuelve en su estantería y le cae en la cabeza a un niño que intenta estudiar y que, a partir de ese momento, se va a dedicar al fútbol.

Por eso los niños tiemblan cuando les dices que lean un libro porque es una obra maestra. Pura supervivencia.

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